La seguridad en verano empieza por la prevención
El verano nos invita a salir a dar paseos, a pasar días en la playa, a hacer barbacoas, a viajar, a dedicarnos a la jardinería y a disfrutar de nuestras actividades de ocio favoritas. Con todo ese movimiento extra, también es una época en la que las lesiones evitables pueden pillarnos por sorpresa. La buena noticia es que unos cuantos hábitos sencillos pueden ayudarte a mantenerte activo, cómodo y seguro durante todo el verano.
Calienta. Empieza preparando tu cuerpo antes de hacer ejercicio. Tanto si vas a jugar al pickleball, hacer senderismo, nadar, montar en bici o ponerte manos a la obra con el jardín, tómate unos minutos para calentar. Unos estiramientos suaves y un aumento gradual de la intensidad pueden reducir el riesgo de esguinces, distensiones, dolor de espalda y lesiones por sobrecarga. Si llevas un tiempo sin hacer ejercicio, date permiso para empezar poco a poco.
Busca la sombra y mantente hidratado. Bebe agua antes, durante y después de hacer actividad al aire libre, y tómate descansos a la sombra o en interiores cuando suban las temperaturas. Presta atención a los síntomas de agotamiento por calor, como mareos, dolor de cabeza, sed extrema, confusión o sensación de debilidad inusual. Recuerda que el protector solar, las gafas de sol, un sombrero y ropa ligera y protectora también pueden ayudar a prevenir quemaduras dolorosas y reducir el daño cutáneo a largo plazo.
Ten cuidado al encender el fuego. Las barbacoas de verano son uno de los pasatiempos favoritos de esta época del año. Cuando hagas una barbacoa, asegúrate de mantener a los niños, las mascotas, la ropa de mangas anchas y los objetos inflamables alejados tanto de las barbacoas calientes como de las hogueras. Usa las herramientas adecuadas y deja suficiente espacio alrededor de las parrillas y las hogueras.
Usa equipo de protección. Cuando hagas trabajos de jardinería, reparaciones en casa o te ocupes del césped, ponte guantes, protección ocular y calzado cerrado que te sujete bien el pie. Muévete con cuidado en terrenos irregulares, patios mojados, muelles, terrazas de piscina y escaleras, donde hay más riesgo de resbalones y caídas.
Ten en cuenta la seguridad en el agua. Las actividades acuáticas se disfrutan más cuando la seguridad es lo primero. Nada con un compañero, sigue las normas que hay expuestas, evita el alcohol cuando navegues o nades, y ponte un chaleco salvavidas que te quede bien ajustado cuando sea necesario. Incluso los nadadores más experimentados pueden cansarse, ser arrastrados por las corrientes o verse sorprendidos por algo inesperado.
Recuerda: lo primero son los primeros auxilios. Si te lesionas, para y evalúa la lesión en lugar de seguir adelante a pesar del dolor. Los esguinces y distensiones leves suelen mejorar con reposo, hielo, compresión y elevación. Limpia los cortes pequeños, cúbrelos con una tirita y vigila si aparece enrojecimiento, hinchazón, supuración o si el dolor empeora. Acude al médico si tienes dolor intenso, problemas para moverte, cortes profundos, quemaduras graves, lesiones en la cabeza o síntomas de un golpe de calor.
La prevención no tiene por qué quitarle la diversión al verano. De hecho, te ayuda a proteger esos momentos que más te apetece vivir. Con un poco de planificación, el equipo adecuado y el hábito de escuchar a tu cuerpo, podrás disfrutar de la temporada con confianza.